Seguridad energética (II)

Fuente: https://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/seguridad-energetica-ii/

Solo hay un camino cierto para lograr la seguridad energética, estabilizar los precios de la electricidad, alcanzar la prosperidad y conseguir que el planeta sea habitable: abandonar los combustibles fósiles contaminantes y acelerar la transición energética basada en las energías renovables.

En primer lugar, hay que hacer de la tecnología de las energías renovables un bien mundial; en segundo lugar, mejorar el suministro de sus componentes y sus materias primas.

En tercer lugar, debemos reducir los trámites que entorpecen los proyectos solares y eólicos. Necesitamos autorizaciones por la vía rápida y más iniciativas para modernizar las redes eléctricas. En la Unión Europea, la aprobación para instalar un parque eólico demora 8 años, y en los Estados Unidos, 10. En la República de Corea, los proyectos eólicos terrestres necesitan 22 permisos de 8 ministerios diferentes.

En cuarto lugar, el mundo debe reorientar los subsidios energéticos de los combustibles fósiles hacia la protección de las personas vulnerables durante las crisis energéticas e invertir en una transición justa hacia un futuro sostenible.

Y, en quinto lugar, tenemos que triplicar la inversión en energías renovables. Aquí entran en juego los bancos multilaterales de desarrollo y las instituciones de financiación del desarrollo, así como los bancos comerciales. Todos deben dar un paso adelante e impulsar drásticamente la inversión en energías renovables.

Necesitamos que todos los líderes mundiales actúen con más urgencia. Nos acercamos peligrosamente al límite de 1.5 ºC que, según los científicos, es el nivel máximo de calentamiento para evitar los peores efectos climáticos. Para mantenernos por debajo de esos 1.5 ºC, debemos reducir las emisiones en un 45 por ciento para 2030 y alcanzar las emisiones netas cero a mediados de siglo.

Pero los compromisos nacionales actuales nos llevarán a un aumento cercano al 14 por ciento en esta década. Eso sería una catástrofe.

La respuesta está en las energías renovables: para la acción climática, para la seguridad energética y para suministrar electricidad limpia a los cientos de millones de personas que ahora mismo carecen de ella. Las energías renovables resuelven los tres problemas.

No hay excusa para rechazar la revolución de las energías renovables. Mientras que los precios del petróleo y del gas han alcanzado niveles récord, las energías renovables son cada vez más baratas. El costo de la energía solar y las baterías se desplomó un 85 por ciento durante la década pasada. El costo de la energía eólica se redujo en un 55 por ciento.

Y la inversión en energías renovables crea tres veces más puestos de trabajo que los combustibles fósiles. Por supuesto, las renovables no son la única respuesta a la crisis climática. También son esenciales las soluciones basadas en la naturaleza, como revertir la deforestación y la degradación de la tierra.

Lo mismo se puede decir de los esfuerzos por promover la eficiencia energética. Pero nuestra ambición debe ser una transición energética rápida hacia las renovables.

A medida que vayamos abandonando los combustibles fósiles, los beneficios serán enormes, y no solo para el clima. Los precios de la energía serán más bajos y predecibles, lo que tendrá efectos positivos en la seguridad alimentaria y económica.

Cuando suben los precios de la energía, sube también el costo de los alimentos y de todos los bienes de los que dependemos. En suma, es el momento de llegar a un acuerdo sobre una revolución rápida hacia las energías renovables y dejar de avivar las llamas que consumen nuestro futuro.

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